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EL MAPA SECRETO DE BOMBAS GENS

¿Cómo funciona?

  1. Recorre el espacio siguiendo el orden de las paradas numeradas en el mapa.
  2. Selecciona cada parada en el siguiente menú: lee, observa y completa el reto.  
  3. Al finalizar el recorrido, responde el cuestionario digital y queda entre los tres primeros para ganar premios

Estás a punto de viajar en el tiempo.

En 1930 Carlos Gens encargó construir esta fábrica de bombas hidráulicas. En la Guerra Civil la fábrica pasó a producir granadas. Luego cerró, la okuparon, hubo un incendio… y casi desaparece. Bajo tus pies hay una bodega de vino del siglo XV. En algún rincón, un refugio antiaéreo. Y por todas partes, las huellas de los obreros que trabajaron aquí.

Fíjate en estas tres fotografías. El mismo edificio, tres momentos muy distintos de su historia.

Esta fachada cuenta un secreto. ¿Lo ves?

El arquitecto Cayetano Borso di Carminati diseñó cada detalle con un propósito: los remates de los pilares, el tímpano de la entrada, la reja… Todas esas formas que brotan y se curvan representan agua en movimiento. No es decoración. Es una forma de decir sin palabras qué se fabricaba aquí dentro: bombas hidráulicas para llevar agua a los campos.

Este diseño lo has visto antes. ¿Dónde?

Aquí vivían el apoderado y el vigilante de la fábrica con sus familias. Dos viviendas independientes, una por planta, con baño dentro, algo poco común en los años 30.

Lo más llamativo es la reja de la entrada. Su motivo central representa una fuente de la que brotan chorros de agua: el símbolo perfecto para una fábrica de bombas hidráulicas.

Ese diseño gustó tanto que décadas después fue elegido como inspiración para el logotipo actual de Bombas Gens Centre d’Arts Digitals.

Antes de entrar, todo pasaba por aquí.

La plataforma de hierro que ves en el suelo es una báscula de camiones. Sobre ella se pesaban los carros cargados de hierro y chatarra antes de entrar a la fábrica. Sin este control de peso, la producción no podía organizarse. Era discreta, pero imprescindible. Durante la rehabilitación se conservó en su lugar original.

Estás en el escaparate de la fábrica.

Este espacio era la sala de exposición de Bombas GEYDA. Aquí se exhibían ante los clientes las bombas, válvulas y cabezales ya terminados.

Pero los clientes no solo veían las piezas. Los responsables de la fábrica habían preparado algo más para impresionarles: las piezas se mostraban delante de un telón pintado, un efecto teatral cuidadosamente calculado.

El marketing existía antes de que tuviera nombre.

Fotografía del catálogo de la fábrica. Arxiu Gràfic de la Conselleria d'Educació, Cultura i Esport.

Parece nuevo, pero empezó hace más de 500 años.

En 2016, durante la rehabilitación del edificio, los arqueólogos encontraron algo inesperado bajo tierra: cientos de fragmentos de azulejos cerámicos de una época muy anterior a la fábrica. Los azulejos que ves ahora están inspirados en los originales: decorados en azul sobre blanco con un diseño de hace más de 500 años. Son una pista. Más adelante en el recorrido encontrarás de dónde vienen y a quién pertenecían.

Azulejos de Manises, siglos XV–XVI. Hallados durante la excavación arqueológica de 2016.

El secreto detrás del nombre.

El panel de azulejos que ves es uno de los elementos originales de la fábrica. Está compuesto por piezas cerámicas con la marca de la empresa en azul cobalto. Lo más especial: no estaba empotrado en la pared. Iba sujeto con un bastidor de madera y perfiles metálicos, casi como un cuadro. Por eso pudo desmontarse, restaurarse y conservarse.

El nombre comercial de las bombas “GEYDA” es un acrónimo formado con las primeras letras de los apellidos de los dos socios que fundaron la fábrica: Carlos GEns y Alfredo Young DAlli.

Estado inicial antes de su intervención. Foto: Cercle Obert.
Panel publicitario de Bombas GEYDA en su ubicación original.

Aquí se trabajaba con fuego.

Estos dos hornos, llamados cubilotes, eran el corazón de la fábrica. En su interior, el hierro se calentaba a más de 1.500 ºC hasta quedar líquido. Ese metal fundido se vertía en moldes y tomaba la forma de las piezas de las bombas. Se alimentaban de carbón de coque, que subía por un montacargas. Cuando el metal estaba listo, los trabajadores lo «sangraban» por la apertura inferior. Hoy son patrimonio. Antes eran el ruido y el fuego de la fábrica.

Imágenes del trabajo de fundición en el interior de la fábrica. Década 1940-1950. Colección Ángel Mompó.

Imagina que suena una sirena.

Durante la Guerra Civil, los hornos dejaron de fabricar bombas de riego y empezaron a hacer granadas de mortero. Eso convirtió a Bombas Gens en objetivo militar. Para proteger a los trabajadores se construyó este refugio entre 1937 y 1938. Tiene una profundidad de 5,21 metros, paredes de hormigón de hasta 2,30 metros de grosor y accesos en zigzag para frenar la onda expansiva. Durante las obras de rehabilitación aparecieron una granada vacía y 6 proyectiles. Tuvieron que venir los TEDAX a retirarlos.

Fotografías: Paloma Berrocal Ruiz. 🔍

Las paredes guardan más de una voz.

Los letreros que ves —«No fumar», «No escupir»— fueron pintados con azulete para mantener el orden mientras los trabajadores esperaban que pasara el peligro. Si los miras con atención, verás que debajo asoman otros más antiguos, escritos con carboncillo.

Cuando acabó la guerra, el refugio se convirtió en un almacén de carbón. Las paredes se llenaron de hollín y, décadas después, durante la restauración se limpiaron con gomas de borrar Milán.

Limpieza con el uso de gomas de pan para eliminar estrato de hollín.

Ninguna bomba salía sin pasar el examen.

Antes de comercializarse, cada bomba y cada válvula tenía que superar una prueba final en este pozo. Tiene más de 5 metros de profundidad, paredes de ladrillo y conserva todavía restos de la maquinaria original. Hoy está tapado con una plancha, pero sigue intacto. Este control de calidad era la garantía de que las bombas funcionarían cuando llegaran a los campos de huerta que iban a regar.

Vistas del pozo de pruebas de la fábrica con los accesorios conservados en su interior. Fotografía: Paloma Berrocal Ruiz.
Vistas del pozo de pruebas de la fábrica con los accesorios conservados en su interior. Fotografía: Paloma Berrocal Ruiz.

¡Para! Mira dónde pisas.

Mucho antes de la fábrica, aquí había una alquería. Y bajo tierra, una bodega donde se hacía y guardaba vino hace más de 500 años.

En aquella época el vino se elaboraba pisando la uva en el lagar (la balsa circular que tienes delante). El mosto caía por gravedad hasta las tinajas de cerámica que reposaban en los bancos de esta sala, donde fermentaba y se conservaba gracias a la temperatura constante bajo tierra.

La bodega mide más de 12 metros de longitud, está excavada a 3 metros de profundidad y conserva una gran tinaja de cerámica restaurada.

¿Recuerdas los azulejos de la entrada? Aquí está su origen.

Con el paso del tiempo, la alquería se convirtió en una vivienda señorial. Los suelos del piso superior se cubrieron con estos azulejos decorativos de Manises ¡Todo un lujo para la época! Si recuerdas, son exactamente los mismos diseños que pudiste ver en los azulejos del inicio de la visita.

A finales del siglo XVII la bodega dejó de usarse para el vino y el piso superior fue derribado. Sus escombros —azulejos incluidos— se tiraron al fondo de la bodega. Ese derribo, sin saberlo, fue lo que la selló y conservó durante siglos, como una auténtica capsula del tiempo.

Ante ti, lo más antiguo de Bombas Gens.

Este cuenco de loza azul, llamado Távach, fue encontrado junto a los cimientos del lagar. Con más de 600 años, nos indica que este fue durante siglos un espacio doméstico: aquí se vivía, se comía y se bebía.

Desde el siglo XVIII y durante generaciones, hasta su demolición, los propietarios y habitantes de esta alquería fueron la familia Comeig, tan influyente en el barrio de Marxalenes que una acequia llevaba su nombre: el roll de Comeig.

La Alquería de Comeig ya no existe: fue demolida a comienzos de los años 2000 para urbanizar la calle Dr. Machí. Pero gracias a los restos de esta bodega, hoy podemos conocer su historia.

Loza azul medieval, finales siglo XIV – principios siglo XV. Cedido por el Ajuntament de València.
Reconstrucción generada con IA.

Aquí confluyen todos los tiempos de Bombas Gens.

Este espacio era el patio trasero de la fábrica, con un ir y venir de trabajadores y materiales. Hoy es un jardín con más de 100 especies vegetales: un lugar para respirar y asimilar todo lo vivido.

La obra de Cristina Iglesias son dos acequias de bronce fundido con formas que recuerdan raíces y fondos de ríos. Están colocadas exactamente donde, hace siglos, pasaba el roll de Comeig, la acequia que regaba los campos de la Alquería.

El bronce remite a los hornos de fundición. Las acequias, a la huerta medieval. El agua, a las bombas hidráulicas. Todo conectado.

¡Has llegado al final!

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Av. de Burjassot, 54-56 46009 València

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